Los seres humanos tenemos tanta necesidad de que nos admitan, acepten y nos amen como somos, que en esa batalla nos pasamos las más de las veces en exigencias. Porque si es verdad que por débiles necesitamos de aquellas admisiones, aceptaciones y cariños, también es verdad que no tenemos en cuenta si los demás están capacitados -o no son conscientes- para ver que el otro nos necesita tanto y con tanta ansiedad, como las más de las veces ocurre.
Por tanto, habría que ser menos exigentes para con los demás y también habría que ser más comprensivos y tener en cuenta las capacidades del otro para con nuestros asuntos. Claro que, para ser menos exigentes con los demás debemos ser nosotros muy fuertes. La debilidad, la duda, la inconsistencia, nos hace reclamar de los demás aquellos señalados déficits personales.
Y lo peor de todo, es que nuestro orgullo, como forma más sutil de nuestra inconsistencia y de nuestra debilidad, nos impide solicitar aquella ayuda a las claras. Y, claro, optamos entonces por el desapego ante el descubrimiento de la falta de respuesta de los demás para con nuestra exigencia de admisión, aceptación y cariño. Cuando en verdad, los otros, los ajenos, no conocen de nuestros reclamos, o no están capacitados para llevarlos a cabo, bien por inaptitud, o bien por inactitud, que todo es legítimo...
Estamos, por tanto, una vez más, delante de la condición humana y su debilidad frente el mundo, y delante, también, de la falta de comunicación para con los otros en la hora de los auxilios...
CUANDO los días... [Lo que me queda de mis días: diario de un escéptico]
martes, 20 de mayo de 2008
lunes, 19 de mayo de 2008
E LA NAVE VA...
Nápoles se hunde en la basura y el caos (elpais.com). Y el nuevo Duce mira para otro lado: la mafia es la dueña de los vertederos, y no sólo de basuras; también es la dueña de los vertederos humanos... La bella Italia necesita un nuevo Renacimiento...
El nuevo Ministro de Trabajo de Zapatero paraliza ayudas a los desempleados y aprobadas por Calderas... Poco a poco vamos descubriendo por qué no fue renombrado ministro Jesús Caldera, como un síntoma más de la derechización de las políticas de Zapatero, como sabíamos por el perfil de su gobierno...
Dice el Presidente de Extremadura, y dice bien, "ninguna región da nada a otra; dan los ciudadnos, no los territorios" (elpais.com). Yo, que siempre fui jacobino, no entendí nunca aquello de ser nacionalista y progresista; normalmente hay nacionalismo en las zonas más ricas del mundo; en las empobrecidas, ni hay nación, ni hay territorio: hay hambre. Y no sólo Montilla, como antes Maragall, está cayendo en la presa del mantenerse en el poder al precio que sea, sino que además, y parece mentira, ahora es el PSOE andaluz el que, por lo leído estos pasados días, va a darse un tinte andalucista (hasta el nombre es ordinario y hortera) en el próximo congreso...
Y aparece Aznar, el tapado que anda revolucionando su error reconocido, y para habilitar a Oreja, por lo visto y oído...
Menos mal que la vida, con los años, nos fortalece el sentimiento de libertad y seguridad en uno mismo. De lo contrario, la realidad sería insufrible...
E la nave va...
El nuevo Ministro de Trabajo de Zapatero paraliza ayudas a los desempleados y aprobadas por Calderas... Poco a poco vamos descubriendo por qué no fue renombrado ministro Jesús Caldera, como un síntoma más de la derechización de las políticas de Zapatero, como sabíamos por el perfil de su gobierno...
Dice el Presidente de Extremadura, y dice bien, "ninguna región da nada a otra; dan los ciudadnos, no los territorios" (elpais.com). Yo, que siempre fui jacobino, no entendí nunca aquello de ser nacionalista y progresista; normalmente hay nacionalismo en las zonas más ricas del mundo; en las empobrecidas, ni hay nación, ni hay territorio: hay hambre. Y no sólo Montilla, como antes Maragall, está cayendo en la presa del mantenerse en el poder al precio que sea, sino que además, y parece mentira, ahora es el PSOE andaluz el que, por lo leído estos pasados días, va a darse un tinte andalucista (hasta el nombre es ordinario y hortera) en el próximo congreso...
Y aparece Aznar, el tapado que anda revolucionando su error reconocido, y para habilitar a Oreja, por lo visto y oído...
Menos mal que la vida, con los años, nos fortalece el sentimiento de libertad y seguridad en uno mismo. De lo contrario, la realidad sería insufrible...
E la nave va...
lunes, 12 de mayo de 2008
EL MUNDO DE HOY
Leer a Stefan Zweig, en su "EL MUNDO DE AYER" (Acantilado), tiene un doble efecto: por un lado, disfrutas de su extraordinaria y emotiva visión de un mundo que ya se fue y que no conocimos nosotros, y por otro lado, tienes la frustrante y permanente tentación de comparar aquel mundo de ayer con el mundo de hoy...
Y claro, ni la Viena de entonces es la Viena de hoy, ni aquel mundo de ayer es ya el mundo de hoy...
Muchos piensan que afortunadamente... Yo, y no creo ser el único, en cambio, echo de menos aquel mundo de aquella Viena exquisita, culta y sólo preocupada de la belleza de vivir...
Mientras Stefan Zweig nos describe cómo la mayoría de la población vienesa de entonces (finales siglo XIX y principios del XX) era culta y exquisita en educación y consumo de bienes del alma, llegar a casa tras un día de ajetreos de médicos y mundanal ruido, y ver en TV a una tal Belén Esteban, o a un tal Paquirrín, copando minutos de consumo en este medio mayoritario y revolucionario de comunicación, al principio del siglo XXI, es, cuando menos, desolador...
Y entonces me bajo del tren de la historia y me veo refugiado en el paraíso interior de aquel mundo de ayer, en aquella Viena exquisita y culta, y que, por desgracia, no hemos podido disfrutar...
Nos queda, al menos, el consuelo de que alguien nos lo cuente tan admirable como emotivamente lo hace Stefan Zweig...
Y claro, ni la Viena de entonces es la Viena de hoy, ni aquel mundo de ayer es ya el mundo de hoy...
Muchos piensan que afortunadamente... Yo, y no creo ser el único, en cambio, echo de menos aquel mundo de aquella Viena exquisita, culta y sólo preocupada de la belleza de vivir...
Mientras Stefan Zweig nos describe cómo la mayoría de la población vienesa de entonces (finales siglo XIX y principios del XX) era culta y exquisita en educación y consumo de bienes del alma, llegar a casa tras un día de ajetreos de médicos y mundanal ruido, y ver en TV a una tal Belén Esteban, o a un tal Paquirrín, copando minutos de consumo en este medio mayoritario y revolucionario de comunicación, al principio del siglo XXI, es, cuando menos, desolador...
Y entonces me bajo del tren de la historia y me veo refugiado en el paraíso interior de aquel mundo de ayer, en aquella Viena exquisita y culta, y que, por desgracia, no hemos podido disfrutar...
Nos queda, al menos, el consuelo de que alguien nos lo cuente tan admirable como emotivamente lo hace Stefan Zweig...
martes, 6 de mayo de 2008
EL JUICIO
Muchas veces, sin querer -¿o quizá queriendo?-, hacemos mucho daño, y también, muchas veces, sin saberlo... ¿O sin querer saberlo?...
¿Qué necesidad tenemos de constatar que hay gente muy cercana a nosotros, a la que nuestra actitud, en un determinado asunto, o ante un determinado acontecimiento, le puede parecer inmoral o poco ética, y encima va y nos lo echa en cara, cuando lo que esperas de esas personas, precisamente es lo contrario, comprensión y solidaridad? ¿Acaso alguien está tan libre como para juzgar al prójimo, y en este caso, muy prójimo?
Podríamos, entonces, y como reacción humana y a bote pronto, también echarles en cara otras actitudes de aquellos que nos critican y que dejan mucho que desear en cuanto a su bagaje moral o ético, del que sabemos certezas por la dichosa cercanía; pero eso sería entrar en su territorio, en el territorio impropio, y no en el de la comprensión y de la solidaridad para con los más cercanos y, por tanto, sería darles la razón; es decir, sería como decirles que están en su derecho de juzgar. Y eso sería el final de todo: la nada.
Y me pregunto, ¿por qué somos así?...
La respuesta está en el viento; y quizá en la desdicha permanente del hombre en el mundo, que le proporciona como reacción el sentimiento de la envidia, quizá el más grande enemigo de la bondad humana, y que se manifiesta siempre en las cercanías...
Lógicamente, hablo siempre en el terreno de lo personal. En el terreno de lo público, de la actividad pública, no sólo es necesario el juicio (democracia), sino que sin él lo público se convierte en personal (dictadura).
¿Qué necesidad tenemos de constatar que hay gente muy cercana a nosotros, a la que nuestra actitud, en un determinado asunto, o ante un determinado acontecimiento, le puede parecer inmoral o poco ética, y encima va y nos lo echa en cara, cuando lo que esperas de esas personas, precisamente es lo contrario, comprensión y solidaridad? ¿Acaso alguien está tan libre como para juzgar al prójimo, y en este caso, muy prójimo?
Podríamos, entonces, y como reacción humana y a bote pronto, también echarles en cara otras actitudes de aquellos que nos critican y que dejan mucho que desear en cuanto a su bagaje moral o ético, del que sabemos certezas por la dichosa cercanía; pero eso sería entrar en su territorio, en el territorio impropio, y no en el de la comprensión y de la solidaridad para con los más cercanos y, por tanto, sería darles la razón; es decir, sería como decirles que están en su derecho de juzgar. Y eso sería el final de todo: la nada.
Y me pregunto, ¿por qué somos así?...
La respuesta está en el viento; y quizá en la desdicha permanente del hombre en el mundo, que le proporciona como reacción el sentimiento de la envidia, quizá el más grande enemigo de la bondad humana, y que se manifiesta siempre en las cercanías...
Lógicamente, hablo siempre en el terreno de lo personal. En el terreno de lo público, de la actividad pública, no sólo es necesario el juicio (democracia), sino que sin él lo público se convierte en personal (dictadura).
TARDE DEL CINCO DE MAYO...
"Yo me fui quedando irremediablemente solo en el mundo"
MIGUEL TORGA
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La verdad no existe; tampoco la mentira. Existen verdades; y también existen mentiras... La verdad no nos hace daño: no existe. La mentira, tampoco: no es verdad. Pero hay verdades, y hay mentiras, que nos hacen tanto daño como el silencio, como la inocencia, o como la ignorancia.
Y es la ceguera, es lo negro... Es el no querer ver la verdad.
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Practico una buena receta contra el malestar: me comparo con las afueras y me conjuro. -No tienes derecho a la queja, me digo.
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Dicen que la vida son momentos, instantes... Claro que, ¡dicen tantas tonterías!...
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En el barrio latino de París, por donde anduve con 18 años -y también en mayo-, ya no hay tantas librerías como entonces, dicen en TVE. ¡Como si eso fuese una novedad en los tiempos que corren!...
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¡Cuánto cansan los relojes! ¡No paran de dar vueltas y más vueltas! Y siempre en la misma dirección: ¡qué lata!...
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Se ha iniciado esa extraña caminata, como todos los años, hacia la aldea del Rocío. Una caminata que año tras año es una mezcla de botellona campera y de fanatismo de la nada... Y como a tantas otras cosas cercanas al borreguismo, también a esta caminata-botellona le llaman tradición, esa palabra que se usa para definir algo que no hay cómo nombrarlo...
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La tarde se ha ido descomponiendo como un cadáver desconocido.
MIGUEL TORGA
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La verdad no existe; tampoco la mentira. Existen verdades; y también existen mentiras... La verdad no nos hace daño: no existe. La mentira, tampoco: no es verdad. Pero hay verdades, y hay mentiras, que nos hacen tanto daño como el silencio, como la inocencia, o como la ignorancia.
Y es la ceguera, es lo negro... Es el no querer ver la verdad.
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Practico una buena receta contra el malestar: me comparo con las afueras y me conjuro. -No tienes derecho a la queja, me digo.
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Dicen que la vida son momentos, instantes... Claro que, ¡dicen tantas tonterías!...
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En el barrio latino de París, por donde anduve con 18 años -y también en mayo-, ya no hay tantas librerías como entonces, dicen en TVE. ¡Como si eso fuese una novedad en los tiempos que corren!...
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¡Cuánto cansan los relojes! ¡No paran de dar vueltas y más vueltas! Y siempre en la misma dirección: ¡qué lata!...
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Se ha iniciado esa extraña caminata, como todos los años, hacia la aldea del Rocío. Una caminata que año tras año es una mezcla de botellona campera y de fanatismo de la nada... Y como a tantas otras cosas cercanas al borreguismo, también a esta caminata-botellona le llaman tradición, esa palabra que se usa para definir algo que no hay cómo nombrarlo...
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La tarde se ha ido descomponiendo como un cadáver desconocido.
domingo, 4 de mayo de 2008
Y LE DIJO HIPERIÓN A BELARMINO...
"Sólo de vez en cuando puedo hablar un par de palabras de ella. Necesito olvidar todo lo que ella es, si debo hablar de ella. Tengo que fingirme como que vivió en tiempos antiguos, como si supiera algo de ella por una narración, si no quiero ser apresado por su retrato viviente y consumirme en el éxtasis y en el dolor, si no quiero morir la muerte de la alegría por ella y la muerte del dolor por ella".
FRIEDRICH HÖLDERLIN ("Hiperión". Libros Hiperión, 8ª edición marzo 1986. Traducción de Jesús Munárriz)
FRIEDRICH HÖLDERLIN ("Hiperión". Libros Hiperión, 8ª edición marzo 1986. Traducción de Jesús Munárriz)
sábado, 3 de mayo de 2008
SOY UN AFRANCESADO
Cada año se celebra el Dos de Mayo, en Madrid, : nombre que se dio a la rebelión del pueblo de Madrid contra la ocupación francesa de la ciudad, y que se extendió por toda España a partir del Bando de los alcaldes de Móstoles, El bando tenía una misión específica: avisar a los pueblos de Toledo y extremadura para que movilizaran milicias que acudiesen a socorrer a Madrid, ocupada por los franceses. Se puede descartar que este bando constituyera una verdadera declaración de guerra a Napoleón y los franceses, acto que llevó a cabo la La Junta Suprema Central de Sevilla un mes más tarde (6 de junio de 1808). Es el origen de la llamada posteriormente Guerra de Independencia Española, cuando lo que en realidad sucedió fue una guerra civil, una más, entre españoles: los afrancesados progresistas, frente a la sempiterna España absolutista, rancia y caciquil.
Pero este año es el bicentenario de aquellos acontecimientos, con lo que las instituciones madrileñas han querido volcarse en un acto más del rancio y siniestro patriotismo del que siempre hace gala la derecha decimonónica española. Y como cada año, dicen que se vanaglorian los sufridos madrileños de aquella hazaña, una hazaña que no fue sino una regresión en la historia de España que trajo más oscurantismo, más absolutismo y todo un siglo XIX y XX llenos de conflictos, guerras y atrasos seculares, frente a la modernidad que hubiese supuesto para España y Portugal (había planes para incorporar también a Portugal en aquel proceso de modernización de la península ibérica) el haber quedado en la órbita napoleónica y con el amparo del espíritu liberal y revolucionario de la Ilustración...
Sí soy un afrancesado. Y a mucha honra: ¡qué distinto y glorioso devenir hubiesen protagonizado España y Portugal!...
Afortunadamente, tras la restauración de Fernando VII muchos se dieron cuenta del enorme fracaso... Y hubo que refugiarse en Cádiz para proclamar La Pepa frente al absolutismo feudal que trajo la liberación de España de manos de los franceses (por cierto, los liberales de Cádiz estuvieron en el bando equivocado, al luchar contra los franceses)...
¡Y encima, cada año, los madrileños, los de Móstoles, lo celebran...!
Reitero: no participo de tanta celebración de tanto bicentenario del 2 de mayo... Fue una regresión histórica la restauración monárquica en manos de Fernando VII... Y lo que no es de recibo es que el Rey Juan Carlos, en un discurso de agradecimiento a la impuesta medalla de oro del ayuntamiento de Móstoles, diga lo que ha dicho: que su abuelo Alfonso XIII ya celebró allí mismo el centenario del 2 de mayo...
Don Juan Carlos debe saber que aquella monarquía absolutista, feudal, no es la que quieren los españoles y que él representa. Y que él no debe hacer gala de sus antepasados poco democráticos. Porque la monarquía que quieren los españoles es la que define la constitución, no aquella de su abuelo, ni la de su antepasado Fernando VII.
Lo dicho, soy un afrancesado de la Ilustarción. ¡Vive la France!
Por cierto, cuando se habla del pueblo de Madrid, que si se levantó en armas, que si era patriótico, etc, y todo tipo de monsergas, señalar que siempre fueron los pueblos llanos los que sufrieron por los intereses malvados de los poderosos, que en este caso lo llevaron a una guerra civil... Sí, la guerra de la independencia fue otra guerra incivil, como las guerras carlistas, como la del siglo XX, entre españoles; los liberales, anticelricales y progresistas, por un lado y los conservadores y absolutistas por otro. Y José Bonaparte hubiese sido un gran monarca (luego se hubiese instaurado la república) para España. Un hombre culto, refinado y masón. Y España se hubiese incorporado a la modernidad.
Y aprovechando el acto, y en su estrategia de ocupar el trono de la sucesión, la Presidenta de Madrid no desperdició la ocasión para exaltar el españolismo del pueblo de Madrid, diciendo que España ya era una nación muy antigua... Pero la España esa que dicen que tienen muchos años, yo, por más que investigo y leo historia menos veo esa España antigua que dicen; España nunca ha sido una nación, en el sentido moderno de nación: un sólo ejército, una sola moneda (y una sola fiscalidad, por tanto) y una sola bandera. Hoy se habla, civilizada y sutilmente, de la España plural... La de entonces era aún todavía más plural y menos articulada que la de hoy, que ya es decir.
Y los liberales de Cádiz, como ha dicho más de uno, repito, estuvieron en el bando equivocado, luchando contra los franceses. Todo fue un enorme error, con golpismo de los fernandinos (eso fue el levantamiento del dos de mayo, una provocación golpista dirigida por Fernando VII, los que luego no promulgan La Pepa)
Reitero, soy un afrancesado... España sería otra...
LIberté, fraternité, egalité...
¡Vive la France! ¡Vive la liberté!
Pero este año es el bicentenario de aquellos acontecimientos, con lo que las instituciones madrileñas han querido volcarse en un acto más del rancio y siniestro patriotismo del que siempre hace gala la derecha decimonónica española. Y como cada año, dicen que se vanaglorian los sufridos madrileños de aquella hazaña, una hazaña que no fue sino una regresión en la historia de España que trajo más oscurantismo, más absolutismo y todo un siglo XIX y XX llenos de conflictos, guerras y atrasos seculares, frente a la modernidad que hubiese supuesto para España y Portugal (había planes para incorporar también a Portugal en aquel proceso de modernización de la península ibérica) el haber quedado en la órbita napoleónica y con el amparo del espíritu liberal y revolucionario de la Ilustración...
Sí soy un afrancesado. Y a mucha honra: ¡qué distinto y glorioso devenir hubiesen protagonizado España y Portugal!...
Afortunadamente, tras la restauración de Fernando VII muchos se dieron cuenta del enorme fracaso... Y hubo que refugiarse en Cádiz para proclamar La Pepa frente al absolutismo feudal que trajo la liberación de España de manos de los franceses (por cierto, los liberales de Cádiz estuvieron en el bando equivocado, al luchar contra los franceses)...
¡Y encima, cada año, los madrileños, los de Móstoles, lo celebran...!
Reitero: no participo de tanta celebración de tanto bicentenario del 2 de mayo... Fue una regresión histórica la restauración monárquica en manos de Fernando VII... Y lo que no es de recibo es que el Rey Juan Carlos, en un discurso de agradecimiento a la impuesta medalla de oro del ayuntamiento de Móstoles, diga lo que ha dicho: que su abuelo Alfonso XIII ya celebró allí mismo el centenario del 2 de mayo...
Don Juan Carlos debe saber que aquella monarquía absolutista, feudal, no es la que quieren los españoles y que él representa. Y que él no debe hacer gala de sus antepasados poco democráticos. Porque la monarquía que quieren los españoles es la que define la constitución, no aquella de su abuelo, ni la de su antepasado Fernando VII.
Lo dicho, soy un afrancesado de la Ilustarción. ¡Vive la France!
Por cierto, cuando se habla del pueblo de Madrid, que si se levantó en armas, que si era patriótico, etc, y todo tipo de monsergas, señalar que siempre fueron los pueblos llanos los que sufrieron por los intereses malvados de los poderosos, que en este caso lo llevaron a una guerra civil... Sí, la guerra de la independencia fue otra guerra incivil, como las guerras carlistas, como la del siglo XX, entre españoles; los liberales, anticelricales y progresistas, por un lado y los conservadores y absolutistas por otro. Y José Bonaparte hubiese sido un gran monarca (luego se hubiese instaurado la república) para España. Un hombre culto, refinado y masón. Y España se hubiese incorporado a la modernidad.
Y aprovechando el acto, y en su estrategia de ocupar el trono de la sucesión, la Presidenta de Madrid no desperdició la ocasión para exaltar el españolismo del pueblo de Madrid, diciendo que España ya era una nación muy antigua... Pero la España esa que dicen que tienen muchos años, yo, por más que investigo y leo historia menos veo esa España antigua que dicen; España nunca ha sido una nación, en el sentido moderno de nación: un sólo ejército, una sola moneda (y una sola fiscalidad, por tanto) y una sola bandera. Hoy se habla, civilizada y sutilmente, de la España plural... La de entonces era aún todavía más plural y menos articulada que la de hoy, que ya es decir.
Y los liberales de Cádiz, como ha dicho más de uno, repito, estuvieron en el bando equivocado, luchando contra los franceses. Todo fue un enorme error, con golpismo de los fernandinos (eso fue el levantamiento del dos de mayo, una provocación golpista dirigida por Fernando VII, los que luego no promulgan La Pepa)
Reitero, soy un afrancesado... España sería otra...
LIberté, fraternité, egalité...
¡Vive la France! ¡Vive la liberté!
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