domingo, 29 de junio de 2014

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, SIEMPRE, SIEMPRE...

AÑOS TURBIOS

Otra vez en la calle,
pero no como entonces.

Ahora son veinte años
con fiebre y con hastío.

¿Soy yo ese triste y ronco
sonido sin campana?

¿Era yo aquella sombra
detrás de mis zapatos?

¿Soy yo? ¿Era yo? Preguntas,
preguntas al olvido.

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

(Foto: J.A. Goytisolo, con Pasolini y Salvador Clotas)





JUNIO

Pronto, muy pronto, los días se llevarán por delante este último junio; un junio que, como todos los de entonces, aquellos que suponían el fin de curso, el fin de un año de estudios, fatigas, aprendizajes y miedos, al presente y al futuro, nos seguirá haciendo las mismas preguntas: ¡qué nos depararía la vida!!! ¡Qué me deparará la vida a partir de ahora!

Ya por entonces leíamos a Gil de Biedma; y siempre leíamos estas Noches del mes de junio... Como hago hoy, cuando acaba una etapa de mi vida, también en junio, y comienzan nuevos días, meses y, espero, años maravillosos, a pesar de las incertidumbres y temores que nos depare la vida, el mundo; como cuando entonces... Al fin y al cabo, sólo aspiro ya a llevarme bien conmigo y con los que necesito a mi alrededor...

NOCHES DEL MES DE JUNIO

(A Luis Cernuda)
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

JAIME GIL DE BIEDMA


UNA REFLEXIÓN SOBRE SOCIALISMO

Hace un año o así, un amigo me preguntó que qué era para mí el socialismo hoy... Le dije que ya no sólo era una utopía, que era posible. Y le dije que sólo consistía en conseguir las condiciones necesarias para una cada vez más profunda igualdad de oportunidades para todos, única igualdad en la que creo. Para ello se requería un sólido estado del bienestar sustentado en servicios públicos básicos, universales y gratuitos, que garantizasen aquella igualdad de oportunidades; y ello implicaba una fiscalidad progresiva que hiciera suficiente y eficiente el gasto público en aquellos servicios y en las inversiones públicas necesarias para el desarrollo económico y social ad hoc.
Y todo ello, dentro de una democracia representativa que a diario se profundice más y más, lo que conlleva, al cabo, transparencia, participación y solidaridad...

En suma sólo con más y más democracia y más y más libertad, tanto individual como colectiva, y con grandes consensos sociales en solidaridad y transparencia de gestión, sólo así se alcanzará la igualdad de oportunidades, única igualdad posible para los seres humanos. Y eso es para mi el socialismo hoy...

Y dejémonos de monsergas de tendencias y de distintos modelos de socialismo, ahora que el PSOE, único partido capaz de liderar esta utopía hoy al fin posible, busca su liderazgo y algunos intentan matizar sus propuestas...
Sólo veo ese camino, y siempre por consenso, nunca por imposición; para hacer las conquistas irreversibles... Por eso siempre he defendido los grandes consensos sociales y políticos en una sociedad compleja como la nuestra.

PARTIR ES MORIR UN POCO...

Siempre que voy a Lisboa, cuando el regreso, me lleno de melancolía; ese placer de sentir un cierto dolor parecido a la ausencia...
Y siempre que tengo saudades, siempre que necesito volver a Lisboa, oigo este fado; y veo mis fotos de tantos viajes ya; y después de transitar por sus calles, por aquellos días ya idos, me recreo en estos sonidos ya eternos en mi alma: sí, partir es morir un poco...
Como cada vez que regreso de Lisboa; como cada vez que siento aquel placer de la melancolía de una ausencia...


EL AIRE DE LOS CHOPOS...

Esta tarde, al regresar a casa, estuve leyendo poemas de José Agustín Goytisolo y de Jaime Gil de Biedma de una antología de García Hortelano para Taurus sobre la Generación del 50, editada en 1978.
No aparece en esta antología este poema que cantaba Paco Ibáñez. Pero siempre me gustó.
La madre de José Agustín murió durante la guerra civil como consecuencia de un bombardeo sobre Barcelona. De aquel desgarro nació este poema...

NADA MÁS

El aire de los chopos
y vuelvo a recordar.
En un día de marzo
te fuíste. Nada más.
Una sonrisa tuya
o un gesto. Claridad
como la de tus ojos
no he visto. Nada más.

Luego días de ira
dolor y adversidad.
Y en medio de la noche
tu estrella. Nada más.

Por su fulgor perenne
contra la eternidad
te ofrezco unas palabras
de amor. Y nada más.

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO


EL MAR

..."El mar, me acuerdo, tenía tonalidades de sombra, de mezcla con fugas onduladas de vaga luz -y era todo misterioso como una idea triste en un momento de alegría, profético no sé de qué. Yo no partí de un puerto conocido. Ni sé hoy qué puerto era, porque todavía no he estado allí. Tampoco, igualmente, el propósito ritual de mi viaje era ir en demanda de puertos inexistentes -puertos que fuesen tan sólo entrar-hacia-puertos; ensenadas olvidadas de ríos, estrechos entre ciudades irreprensiblemente irreales. Pensáis, sin duda, al leerme, que mis palabras son absurdas. Es que nunca habéis viajado como yo".

FERNANDO PESSOA (Libro del Desasosiego de Bernardo Soares)


BORGES, SIEMPRE BORGES

TROFEO

COMO quien recorre una costa
maravillado de la muchedumbre del mar,
albriciado de luz y pródigo espacio,
yo fui el espectador de tu hermosura
durante un largo día.
Nos despedimos al anochecer
y en gradual soledad
al volver por la calle cuyos rostros aún te conocen,
se oscureció mi dicha, pensando
que de tan noble acopio de memorias
perdurarían escasamente una o dos
para ser decoro del alma
en la inmortalidad de su andanza.

JORGE LUIS BORGES