Ayer llamé a un amigo al que hacía tiempo no llamaba y apenas sabía de él… Le dio mucha alegría y pensé lo fácil que es ser agradable con un pequeño gesto…
Nos pusimos al día de nuestras cosas y asuntos y nos reímos mucho de nosotros mismos y de nuestras vidas: la risa es la terapia siempre… Pero reírse de uno mismo, la única risa honesta… Reírse de otros, nunca… Si acaso, compartir cierta forma de piedad: siempre hay alguien necesitado de ternura…
En todo caso, me dijo que hay mucha gente que le dice que él no los llama nunca… Entonces me dijo lo que siempre les contesta:
—¿Y a mí quién me llama?…
—¿Quién me dedica unos minutos de su vida?…
—¿Quién viene a verme?…
Cómo no, le dije que llevaba razón y me sentí muy agradecido respondiendo a su pregunta:
—Te llamo yo…, le dije…
Y también le dije que a mí algunos días viene a verme la luna y se pasea ante mis ojos, toda ella coqueta regodeándose en su infinita hermosura… Y le dije que era mi forma de sobrevivir la soledad con la que aprendí a convivir tantos años ya…
Tras casi una hora hablando volvimos a reírnos de nosotros mismos… Sí, pasamos un buen rato ayer recordando buenos tiempos y convocándonos a creer que los mejores tiempos están siempre por llegar, esa forma de los humanos de creer en un futuro que nunca existe ni existirá, salvo como refugio de superación ante el presente que nos lleva o arrastra tantas veces ya…
………………..
P.D. Tras colgar me quedé pensando en lo que me dijo:
“—¿Y a mí quién me llama?…“.
Reconozco que muchas veces me lo he preguntado yo también… Sólo somos tiempo y se agota a diario esperando una nueva luna, como la última de estos pasados días que tras tantas horas insoportables de calor y aire acondicionado apareció ante mí y ante el mundo…


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios