“Grandes son los desiertos y todo es desierto”
(F. Pessoa)
Nunca fue amable el verano; si acaso, deseado y gozoso en otro tiempo…
Los días, como mentiras piadosas, transitan en marejada sobre esta insoportable estupidez que nos acosa como una obstinación en la oscuridad de un pozo oscuro y hondo...
Reitero, pues, mi desapego a una realidad que comprime, atosiga, quedando un regusto amargo de derrota, de privación, que aflora como un tormento parecido a lo ya perdido, y donde habita lo imposible y toda la nada…
Siempre me he sentido de paso allí por donde anduve, por donde viví... Y por donde amé…
¿Pero de tránsito hacia dónde?... ¿Qué camino?...
Por suerte, aún tengo la libertad necesaria para pensar, para sentir... Y aunque en amor nada es fijo, hoy quiero recordar que una tarde de julio las magnolias de aquel jardín estaban en flor y el levante en calma…
A veces mi fobia social es enfermiza… Como si todo fuese abismo, temblor, desierto... Y todo mediocridad…
Ojalá pronto un nuevo otoño...
Sin amores ni odios; sentados a la orilla del río...
Como el poeta quiso de Lidia:

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