Ya en casa, tras el día fijado para el encuentro anual de aquella
pandilla de los últimos 60 en Coín... Y si en la mañana llegué al
encuentro atravesando Entrerríos (Mijas) y vi el desastre y la
desolación de aquellos nuestros territorios primeros, el regreso lo he
hecho por Monda y Ojén hasta Marbella, sabedor de que ya estaba
controlado el fuego...
No tengo muchas palabras; sólo un gesto que se acerca mucho a la rabia y
al dolor: ver tanta devastación, allí, donde tus paisajes más propios,
es algo insuperablemente espantoso...
Y he visto decenas de vehículos
de los cuerpos de bomberos; decenas de camiones militares; retenes de
hombres de bien; sí, decenas de hombres agotados de todo... Y quise
parar (no pude) para traer aquí testimonio gráfico, al modo de
homenaje a los servidores públicos que han trabajado con la decencia de
creer y sentir que su esfuerzo es el de todos, ese sentimiento de los
pueblos civilizados que no abominan de los trabajadores públicos sino
que los elevan a categoría de héroes, conscientes de que gracias a
aquellos servicios públicos las sociedades modernas han conseguido
bienestar, cultura y respeto ciudadano frente a la barbarie y el
cainismo de los cantos de sirena de los llamados liberales que sólo
desean lo público como medio de robar y esquilmar los recursos
colectivos...
Desolado, sí; pero contento de saber que aún es posible parar tanto
regreso. Para ello, hoy, aquella pandilla de los últimos 60 se ha
llenado las pilas de ilusión, aquella que también intentan quitarnos; y
hoy también he constatado que nunca debemos permitir el que prescindan
de los servicios públicos básicos, aquellos que no sólo son
necesariamente justos en el mundo moderno, sino que además nos
dignifican como seres humanos que sólo pretenden vivir en paz, en
libertad y con un mínimo de decencia colectiva, aquella que nos permita
no avergonzarnos de nosotros mismos...