domingo, 26 de abril de 2026

MÁLAGA, CIUDAD FALLIDA...

 Hace un par de días recordaba a nuestro querido Rafael Pérez Estrada, al que tantos malagueños que lo conocimos echamos de menos…

Recuerdo aquellas noches terminables, cuando la ciudad de Málaga a las 23 horas, si no antes, quedaba casi desierta y nos echaban de los bares; como lo hacían del Café Central de entonces -uno de los lugares donde aquellas tertulias en la calle- y que hacíamos interminables en casas particulares...
Pero claro, llegó el turismo de masas, la llamada de manera cursi "turistificación" y la ciudad murió de éxito disfrazado de falso turismo cultural…
Lo de la Málaga de hoy no tiene nombre, ¿o sí?...
En unos pocos años han destrozado la ciudad para los malagueños; hoy es una ciudad de circo, no una ciudad para vivir, donde se refugian en pisos turísticos pandillas enteras de jóvenes y no tan jóvenes en busca de presas y borracheras para ellos baratas, a sabiendas del desorden horario y permisivo de la autoridad para gritar, hacer el ganso, saturar servicios públicos hasta el deterioro de la convivencia, y ensuciar la ciudad de orines y otras hierbas con la complicidad del mirar para otro lado -o la ausencia de asistencia- ante el reclamo de la autoridad por algún vecino que viva en el centro de la ciudad y denuncie esta realidad o solicite ayuda en noches enteras sin poder descansar de ruidos, griterío y peleas, esa forma cavernícola de la convivencia hoy en las noches de mi ciudad...
Para colmo, se ha encarecido la vida para la inmensa mayoría de ciudadanos a costa de tres o cuatro grupos de maneras mafiosas en el ejercicio de sus poderes: grupo hostelero-especulativo de ladrillo y ocio, grupo de "capillitas" y hermandades que han secuestrado tradiciones populares para negocios y poder, con el beneplácito de políticos locales tan permisivos que miran para otro lado… ¿O quizás todos miran para el mismo lado e intereses?...
Málaga ha muerto como ciudad y no tiene futuro: El futuro es la muerte de hoy. Inflación y ocupación de espacios públicos que costeamos los vecinos que vivimos en la ciudad y especulación inmobiliaria que sufrimos los mismos vecinos y hace imposible vivir en nuestra ciudad, una nueva ciudad sin ley ni orden y donde rige el robo a mano armada, coge el dinero y corre, y con un poder local como ausente; o peor aún, cómplice…
No, la Málaga de hoy ya no es aquella que gozaba -y nos contagiaba con su sentido del humor y su elegancia- nuestro querido y eterno Rafael Pérez Estrada cuando dijo que “Málaga, más que nada, es un modo pasional, una filosofía contagiosa y presente capaz de comprender el hecho oscuro e incierto de vivir”...
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P.D. Si en el centro vemos cosas así, ¿que no se verá en los demás barrios de la ciudad?...








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