Dicen que la belleza es inalcanzable, que al cabo, como el futuro, sólo es una utopía que nos inventamos buscando así sobrevivir el presente mezquino y cruel de hoy -y de siempre- del hombre en el Universo, ese lugar inagotable, inalcanzable y lejano para el que aún hoy nos olvidamos de vivirlo, sin odio y sin maldad, en la Tierra que nos acoge...
Pero yo os digo que, por veces, y ante un inesperado hecho, o ante un paisaje en repente, ante una obra de arte, y, sobre todo, ante un ser humano concreto, he sentido algo tan sublime, conmovedor y hermoso, que yo creo que si no es, se parece mucho a la belleza toda...
Sí, yo he gozado de la aparentemente inalcanzable belleza, y he sabido entonces que no era una utopía... Quizá sólo me hizo falta una oblicua inclinación a aceptar las afueras de mi mundo como el único espacio donde puedo ser y estar en esta vida esperando llegar a sentir los asombros y los afectos que me ofrece y ojalá yo pueda ofrecer; unas afueras que, también por veces y en repente, llegan a tanto por los adentros que hasta creo sentir eso que llaman felicidad...

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