El pasado 1 de febrero me escribió Rogelio Garret desde Portugal, donde sigue sin poder regresar por la Covid...
-Sr., no crea que me he olvidado de usted... Espero que en mi ausencia no haya tenido problema de intendencia alguna; si es así le ruego contrate a otro mayordomo temporalmente hasta mi regreso, pues esto va para largo.... Y aunque ya me han vacunado con la primera dosis, el cierre de fronteras lo vuelve a complicar todo...
-¡Hombre, me alegro de saber de ti y que estés bien; me tenías preocupado. Y no te preocupes, me apaño bien; además, ¡cuántas veces te tengo que decir que no eres mi mayordomo!!! Ejerces ese papel porque te gusta, pero no eres mi mayordomo, eres mi amigo...
-Gracias señor... Por cierto, ahora comprendo su malestar ante el mundo: he leído los libros que me dejó en este viaje a Portugal para ver a mis sobrinos y lo dicho, ahora comprendo su, si me permite, avanzada locura... Perdone que me atreva, pero usted está un poco regular de las alturas!!!
-Rogelio, pero hombre, ¡también tú me lo has notado!!!... Voy a tener que empezar a preocuparme; no eres el primero en decirme algo parecido... En fin... Bueno, te dejo que tengo que salir. Ya me cuentas otro día. Abrazos...
-Buen día tenga el Sr. Ya le escribiré de nuevo. Y cuídeseme!!!
P.D. Me manda una foto de algunos de los libros que le dejé para sus días en Portugal y que cree son lecturas que me hicieron mucho daño… Pensar duele, me dijo. Como amar nos mata… Callé: me quedé sin palabras...
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