Que el mundo era una porquería ya lo sabíamos y nos lo dijo con nitidez Enrique Santos Discépolo...
Pero que la porquería, la mentira, el bulo, la maldad, sean retransmitidas en directo; que los genocidas campen a sus anchas pavoneándose de sus atrocidades con una sonrisa; que los ladrones de guante blanco roben más que nunca con descaro y sin rubor; que Europa haga gala como nunca de su inaceptable doble moral en su decadencia como proyecto colectivo; que delincuentes amorales sean Jefes de Estado o de Gobierno en sus territorios; que mediocres listillos pululen por entre los entresijos de poderes tan limitados como el político y, sobre todo, que los ciudadanos del siglo XXI lo consintamos, sinceramente, no me lo imaginé tan presente y con tanta fuerza como lo vemos a diario y de manera inevitable y tan presente en la TV, la radio, las redes; quizá para que todos nos volvamos como ellos a modo de vacuna colectiva que garantice la pocilga del mundo a futuro y sin solución de continuidad...
Sí, el mundo es el estercolero de una maldad colectiva...
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