..."El Vendedor de Historias bajó el brazo y extendió la mano hacia mí como si quisiera ofrecerme algo. Le doy la luna esta noche, dijo, y le doy la historia que más le apetezca, sé que a usted le apetece una historia"... (Antonio TABUCCHI)
Ayer, mientras leía de TABUCCHI su delicioso libro “Réquiem”, un libro homenaje a la ciudad de Lisboa que tanto amó y vivió hasta morir allí, donde permanece enterrado, recordé aquella historia inacabada que te estaba contando aquella noche de luna llena —era la de agosto, uno de aquellos agostos ya eternos en nuestras vidas…
Tú tendrías tres o cuatro años… Yo te tenía entre mis brazos y mis piernas sentado en la butaca y enfrente del ciprés del rancho de “La Vegueta”… Eran casi las diez de la noche y la luna llena empezaba a brillar por encima de aquel ciprés, seco en su mitad, como el olmo podrido de Machado en Soria…
Recuerdo que empecé a contarte que se había secado de tristeza por no poder alcanzar nunca la luna… También recuerdo la cara de pena que pusiste… Te llamó tu madre para cenar y luego dormír y no pude terminar de contarte que aquel ciprés era también un ser vivo, como lo son los hombres, y que también quiso alcanzar la luna como lo hizo ya antes el hombre…
Ya te has ido, querido sobrino —tan cruelmente del mundo—y ya no puedo terminar de contarte que todo ser vivo, animal o vegetal, necesita soñar con alcanzar alguna vez la luna con la mano, o con una de sus ramas aquel ciprés de aquellos veranos en “La Vegueta”, aquel lugar eterno en nuestro mundo todo…
Esta navidad pasada volvimos, como siempre, a “La Vegueta,” a Tolox… Plantamos nuevos árboles en tu memoria con tus cenizas al lado… Crecerán y también soñarán pronto con alcanzar la luna con sus ramas…
Unos árboles que no se secarán ya nunca: los árboles de “La Vegueta”, como el ciprés de entonces, ya saben que permanecerás para siempre cerca de ellos y tu memoria será el sustento de aquellas tierras de nuestras vidas…
Y mira cómo se ha recuperado de su podredumbre y hoy luce con la alegría el ciprés; aquel ciprés que una noche de agosto de hace muchos años viste cómo quiso alcanzar la luna tan cansado como estaba y tan lleno de tristeza porque nunca había podido alcanzar la luna con sus ramas…
¡¡¡Mira!!!…
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..."El Vendedor de Historias bajó el brazo y extendió la mano hacia mí como si quisiera ofrecerme algo. Le doy la luna esta noche, dijo, y le doy la historia que más le apetezca, sé que a usted le apetece una historia
(...)
¿Y qué es lo que tiene para contarme esta noche?, pregunté
(...)
Habla de un mundo mágico, de una sirena que trabajaba en un circo y que se enamoró de un pescador de Ericeira, es una historia bonita, un poco melancólica, con un final de los que hacen llorar. Está bien, amigo mío, dije, tal vez tenga ganas de llorar un poco esta noche, cuéntame la historia de la sirena, yo voy a cerrar los ojos y a escucharle como si fuera un niño a punto de quedarse dormido.
El barco que venía de Cacilhas silbó al atracar. Hacía una noche realmente magnífica, con una luna situada del tal modo sobre los arcos del Terreiro do Paço que bastaba alargar la mano para atraparla. Me puse a mirar la luna y encendí un cigarrillo mientras el Vendedor de Historias comenzaba a contar su historia".
(Antonio TABUCCHI. Réquiem: Una alucinación. Traducción del portugués Carlos Gumpert y Xavier G. Rovira. Editorial Anagrama. Barna 1996)
P.D. A. TABUCCHI era italiano... Pero estaba tan enamorado de Lisboa, de Portugal, y amaba tanto su literatura, sobre todo a Pessoa, que decidió vivir allí hasta morir y ser enterrado, como está, en la ciudad que tanto amaba como la amo yo... Y en este libro, Réquiem, le hace un homenaje a la ciudad más sugerente y melancólica del Sur de Europa, la ciudad adonde siempre quiero regresar...








